HAY ALGUIEN EN MI VENTANA

HAY ALGUIEN EN MI VENTANA



Hay alguien detrás de mi ventana. Está ahí parado o quizás acechando. Yo lo sé. No sé si usa a la cortina como escudo o si solamente desea erguir su rígida silueta para reflejarse en el cristal. No hace ningún movimiento. No es capaz de mover ningún músculo ni de abrir sus cuerdas vocales, si en caso poseyera alguna. Él sigue ahí. ni la luz del tragaluz o el frío de la noche lo molesta. No sé porque se empeña tanto en quedarse detrás de mi ventana. 

Nunca miro la ventana de mi habitación. Prefiero mil veces envolverme en las sábanas  y evitar cualquier contacto directo con el cristal de mi cuarto . La cortina azul no basta para cubrirla totalmente porque el problema no es la cortina. El problema es ese "alguien" que está detrás de la ventana. Su presencia vuelve el ambiente pesado y congela el aire. Incluso los dedos de mis pies intentan esconderse más entre las sábanas. Él sigue ahí observando, detrás de la ventana.

¿Por qué viene a mi ventana? Siempre me he preguntado. Existen cientos de ventanas por todo el vecindario. No encuentro razones para justificar su presencia. Sin embargo, todas las noches se posa detrás de mi ventana. En la cama aún sigo envuelto entre las sábanas. Mi cuerpo obedece la primera regla: No te muevas, pero las gotas de sudor y los escalofríos la ignoran. Es una especie de catarsis. Una de las tenebrosas e indeseables de toda la vida. Aún así, evito mirar la ventana.

Él ha congelado el tiempo. La silueta detrás de mi ventana es capaz de controlar el tiempo y espacio. Todo por contemplar lo que contiene mi habitación. En mi mente, la noción del tiempo se ha esfumado. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que se asomó a mi ventana? No lo sé. ¿Cuánto tiempo seguirá esperando a que voltee a mirarlo? Tampoco lo sé. Solo estoy seguro que está ahí. Cierro los ojos tratando de olvidar que hay alguien detrás de mi ventana, pero me aterra la idea de imaginarme cómo es su rostro. No puedo darme ese lujo. 

Aún sigue ahí. Admiro su paciencia pero odio su llegada. ¿Acaso tendrá un cuerpo? ¿Tendrá nombre? ¿Que ropa usa? ¿Alguien más puede verlo? Nunca lo sabré. Solo me consta su visitas a mi ventana. Debo cubrirme más y evitar respirar. Quizás puede escuchar mis respiros. Quizás por eso aún no se va. Sabe que estoy despierto y sobretodo, entiende que he reconocido su llegada. Aunque no hable o camine ya me conoce. Tomo más aire y decido desenvolverme de las sábanas. Alisto mis párpados y músculos. Debo enfrentar a quién esté detrás de mi ventana. 

Se fue. Ya no está. Desapareció. Aquel que estaba detrás de mi ventana se esfumó. El tiempo vuelve a correr. Los minutos empiezan a descongelarse y mi mente ya no tiene miedo. Incluso los dedos de mis pies vuelven a moverse. Me siento en la cama. Debo mirar mi ventana. Sin embargo por más que abro mis ojos y elimino mis párpados no veo nada. Solo la cortina azul que cubre mi ventana. Sigo mirando y no hay está. Ni su silueta ni ningún otro rastro. No hay nadie. Vuelvo acostarme y solo pienso: "Se asomará mañana. Lo sé. Él siempre está detrás de mi ventana".




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